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La Fe. Para principiantes …y no tanto

  • gabrielwritting
  • 20 nov 2023
  • 13 Min. de lectura

Reportaje de Investigación


 

De lo general a lo particular, de abajo hacia arriba, de lo material a lo espiritual.

 

Una de las piedras angulares en nuestra vida y en la búsqueda de Dios es algo que seguramente hemos escuchado desde pequeños en casa y nos han repetido una y otra vez en la escuela, en la iglesia, en la televisión o en internet: la fe.

 

Pero ¿qué es la fe? ¿Qué significa y qué entendemos por fe? Las siguientes líneas pretenden responder de alguna manera a estas preguntas sobre un tema que ha generado innumerables libros, estudios y seminarios. Sin embargo, dado que la fe es algo profundamente personal y subjetivo, este texto no busca de manera alguna imponer una visión dogmática ni pretende ser, en ningún sentido, la última palabra al respecto. No es sobre “el qué o el quién, sino el cómo.

 

La “fe” es un concepto amplio y profundo que se refiere a la creencia o seguridad en la existencia de algo o alguien, y en su capacidad, sinceridad, habilidad y disposición para hacer o llevar a cabo una acción milagrosa, extraordinaria y generalmente bondadosa, incluso en ausencia de evidencia o certeza absoluta. Es una creencia profunda y personal en algo más allá de lo tangible.

 

Así es, la fe permite experimentar una sensación de conexión y cercanía con algo o alguien más grande que uno mismo. Ésta puede manifestarse en diferentes formas, como la creencia en lo divino, la conexión con la naturaleza, la conexión con los demás seres humanos o incluso con un propósito o causa mayor. Esta certeza de conexión puede generar una sensación de plenitud, paz interior y sentido de pertenencia en la vida.

 

La fe puede generar una sensación de confianza y esperanza, ya que implica creer en algo más allá de lo visible y palpable, que puede brindar consuelo y fortaleza física y emocional. Además, la fe proporciona una base sólida en la cual apoyarse, lo que permite afrontar los desafíos de la vida con optimismo y determinación.

 

Otro aspecto de la experiencia de la fe es que otorga un sentido de propósito y significado a la existencia. La creencia en algo extraordinario ayuda a encontrar un propósito trascendental en la vida, brindando una perspectiva más profunda. Además, la fe proporciona un marco ético y moral que guía nuestras acciones y decisiones, y nos motiva a contribuir al bienestar de los demás y al bien común.

 

La definición de fe según la Real Academia Española (RAE) se alinea con la idea de que es la "creencia y confianza que se tiene en alguien o algo". Otros diccionarios también la describen como la creencia en algo que no se puede ver o demostrar de manera empírica.

 

Con fines didácticos, podemos recopilar varios términos relacionados que son susceptibles de reflexión hasta este punto:

 

La Fe es: “Concepto”, “creencia”, “experiencia”, “sensación”, y “seguridad de”. Que tiene o brinda: “Conexión”, “cercanía”, “capacidad”, “sinceridad”, “disposición”, “propósito”, “confianza”, “esperanza”, “consuelo”, “fortaleza”, “apoyo”, “da sentido”, y “ayuda”.

Y a diferencia de la confianza o la ciencia: “en ausencia de evidencia o certeza absoluta”, “en algo que no se ve o no se puede demostrar de manera empírica”, “en algo más allá de lo tangible”.

 

Juan 20:29 Jesús le dijo: —¿Creíste porque me viste? ¡Felices los que confían en mí sin haberme visto!

 

Hebreos 11:1: "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve."

 

La Torá y el Antiguo Testamento (AT): Para los hebreos y judíos, la fe representa una relación íntima con Dios y una conexión con su herencia y tradiciones religiosas. La fe judía se expresa a través de la observancia de los mandamientos, la oración y la participación en rituales y festividades.

 

El Nuevo Testamento (NT): Para los cristianos, la fe es un pilar fundamental en su relación con Dios. Es un acto de entrega y confianza en la divinidad, basado en la revelación bíblica y en la experiencia personal de cada creyente. La fe cristiana, centrada en Cristo**, implica creer en la existencia de Dios, en su amor y perdón, así como en la divinidad de Jesucristo y en su obra redentora.

 

En el caso de los agnósticos (personas que no pueden afirmar ni negar la existencia divina), la fe puede entenderse como una forma de confianza en las propias capacidades y en la capacidad humana de comprender el mundo y encontrar sentido en él. Puede ser vista como una apertura a la posibilidad de lo trascendente, sin necesariamente comprometerse con una creencia específica.

En cuanto a las demás religiones no cristianas, como el islam, el hinduismo, el budismo y el sijismo, la fe representa una relación con lo divino según sus propias enseñanzas y tradiciones. Cada religión tiene sus propios símbolos, prácticas espirituales y rituales que expresan y fortalecen la fe de sus seguidores.

 

Por otro lado, para los ateos, la fe puede no tener un significado religioso, ya que no creen en la existencia de un ser supremo. En cambio, su confianza puede centrarse en la ciencia, la razón y la experiencia humana para dar sentido y propósito a sus vidas. En base a estas definiciones y conceptos, es importante resaltar que los ateos no tienen fe en el sentido religioso de la palabra, sino que confían en algo concreto y demostrable.

 

 

En resumen, la fe es un concepto que trasciende las fronteras religiosas y se relaciona con la creencia, confianza y esperanza en algo o alguien. Para los creyentes en Jesucristo, implica una relación personal con Dios y la aceptación de su revelación. La fe es una creencia profunda y personal en algo más allá de lo tangible.

 

 

Santiago 1:6: "Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra."

 

Mateo 17:20: "Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que, si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible."

 

 

Es importante tener en consideración que la experiencia de la fe puede ser única para cada persona y puede evolucionar a lo largo del tiempo. Algunos pueden experimentar la fe de manera más emocional y afectiva, mientras que otros pueden encontrarla a través del estudio intelectual, la reflexión y la búsqueda de respuestas.

 

La fe, en su esencia, busca proporcionar una conexión y un sentido de trascendencia en la vida de cada individuo. No se trata solo de creer en algo o alguien, sino de encontrar una conexión profunda y significativa que llene de sentido la existencia y proporcione consuelo, esperanza y propósito personal.

 

Haremos una pausa aquí, seremos enfáticos y reiterativos.  En este texto, nos centraremos en la definición y el proceso de generación de la fe, es decir, en cómo se desarrolla esa confianza ciega en algo o alguien extraordinario, en Dios. No nos enfocaremos en el objeto de fe en sí, sino en el vehículo y la disposición necesaria para alcanzarlo.

 

Para ser más explícitos podríamos usar el ejemplo de cómo se aprende a “catar un vino”, con la vista, el olfato, el gusto, y como distinguir las diferentes experiencias, olores y sabores; pero no estamos aun hablando de algún vino en particular.

 

Podemos hacer una metáfora entre el proceso de generación de fe con el aprendizaje de una habilidad, como catar un vino. Al aprender a catar, no nos enfocamos en un vino en particular, sino en adquirir la disposición, capacidad y deseo de explorar y distinguir las diferentes experiencias, olores y sabores, para llegado el momento apreciar absolutamente ese vino tan deseado. De manera similar, la fe implica una disposición, una apertura y un deseo de conocer y conectar con algo o alguien maravilloso como es Dios.

 

En última instancia, cada persona tiene creencias, valores y experiencias individuales que influyen en cómo experimenta la fe.  

 

No existe una única forma correcta de experimentar la fe, ya que es un viaje personal y único para cada individuo. En lugar de imponer una única forma de experimentar la fe, es importante respetar y valorar la diversidad de perspectivas y encontrar una conexión y sentido de trascendencia auténticos y significativos para cada persona.

   

 

Romanos 14:1-4: "Reciban al débil en la fe, pero no para discutir asuntos controvertidos. Uno cree que puede comer de todo, mientras que otro, que es débil en la fe, solo come verduras. El que come de todo no debe menospreciar al que no come de todo, y el que no come de todo no debe condenar al que come de todo, porque Dios lo ha aceptado. ¿Quién eres tú para juzgar al siervo de otro? Que se mantenga en pie o caiga, eso es asunto de su propio señor. Y se mantendrá en pie, porque el Señor tiene poder para sostenerlo".

 

Este versículo enfatiza la importancia de respetar las diferentes prácticas y creencias de fe, y no juzgar ni menospreciar a los demás por sus diferencias.

 

Quizás, un porcentaje importante de nosotros, aún confundamos fe y confianza, por ello intentaremos aclararlo lo más posible. Es pertinente insistir, por lo delicado del tema que, no está en consideración “en quién o en qué confiamos o tenemos fe” sino en el hecho de hacerlo.

 

La Confianza

 

La confianza y la fe se utilizan al hablar y escribir De manera común como sinónimos, sin embargo, hay diferencias en el concepto y significado que son importantes.

 

- Salmo 118:8-9: "Mejor es refugiarse en el Señor que confiar en los hombres; mejor es refugiarse en el Señor que confiar en los poderosos."

 

- Jeremías 17:5: "Así dice el Señor: Maldito el hombre que confía en el hombre, que pone su confianza en la carne y aparta su corazón del Señor."

 

No cabe duda de que la confianza y la seguridad están relacionadas, pero existen diferencias sutiles entre ellas.

 

Según la Real Academia Española (RAE), la confianza se define de la siguiente manera:

 

1. Seguridad en uno mismo, en otra persona o en algo.

2. Esperanza sólida que se tiene en alguien o algo.

3. Familiaridad, trato íntimo o amistoso.

4. Intimidad o amistad estrecha.

5. Creencia exagerada y vanidosa en uno mismo.

6. Credulidad, especialmente cuando es excesiva y sin fundamento.

7. Seguridad o esperanza depositada en alguien o algo.

 

La confianza se basa en la creencia o seguridad que una persona, objeto o sistema tiene en la fiabilidad, sinceridad o habilidad de otra persona, grupo o entidad. La fiabilidad se refiere a la capacidad de llevar a cabo una tarea o cumplir una promesa de manera confiable y sin errores, así como mantener un alto nivel de calidad y rendimiento a lo largo del tiempo.

 

La confianza es esencial en las relaciones y la sociedad. Implica creer en la integridad y las buenas intenciones de los demás, así como en su capacidad para cumplir con sus responsabilidades. De tal manera que podemos generar confianza, y para ello debemos ser honestos y coherentes en nuestras acciones y palabras. La confianza es clave para establecer relaciones sólidas en lo personal y profesional. Se construye gradualmente a través de interacciones y acciones demostradas. Es un sentimiento racional basado en evidencia y experiencia.

 

La confianza se construye o pierde a través de las acciones y comportamientos observados en las relaciones interpersonales. Por otro lado, la fe se basa en creencias y convicciones, sin requerir pruebas concretas o experiencias personales. Es una creencia inquebrantable, incluso sin pruebas.

 

La fe implica creer en algo más allá de lo demostrable objetivamente y puede abarcar creencias sobre el propósito de la vida, el significado de la existencia o la existencia de un poder superior. A menudo se basa en la confianza, pero va más allá de ella, ya que es creer en lo divino, en Dios, en lo trascendental o en lo espiritual, incluso sin evidencia científica o lógica que lo respalde. La fe es una convicción profunda que se mantiene a pesar de las dudas y las incertidumbres.

 

Además, existen otros términos relacionados con la confusión que son importantes de mencionar.

La expectativa es una anticipación o suposición sobre lo que creemos que sucederá en el futuro, basada en nuestras experiencias pasadas o en las promesas que se nos han hecho.

El deseo es un anhelo o aspiración personal de tener o lograr algo, basado en nuestras propias preferencias.

Por último, la esperanza es la creencia y la expectativa positiva de que algo bueno sucederá en el futuro, basada en una actitud optimista y en la confianza en que las cosas mejorarán.

 

Déjenme compartir un ejemplo que creo que puede ilustrar mi punto:

 

“Imagínense una clínica, donde un médico atiende a un paciente extremadamente delicado. Después de brindar informes detallados y explicar las diferentes opciones a los familiares, el médico concluye su explicación. En ese momento, un familiar con lágrimas en los ojos le dice: -Doctor, muchas gracias. Lo que usted decida está bien. Tenemos mucha fe en usted, en sus conocimientos y confiamos en Dios-.

 

El médico, con paciencia y amabilidad, responde de inmediato:

-Agradezco profundamente su intención, pero no puedo asumir lo que no me corresponde. Sería usurpar atributos que solo pertenecen a nuestro Dios. Aprecio mucho su confianza en mí, ya que esa es la base de nuestra relación, pero la fe debe ser depositada únicamente en nuestro Señor. Es en Él en quien deben y debemos poner sus esperanzas, deseos y expectativas. Nosotros, como médicos, somos meros instrumentos en sus manos cuando se trata de la vida y la salud de su ser querido".

 

Esta historia nos enseña una valiosa lección sobre la importancia de mantener una perspectiva adecuada en momentos difíciles. Confiamos en los médicos y en su experiencia, pero debemos recordar que ellos son solo intermediarios, mientras que la verdadera fuerza y guía provienen de algo más grande que nosotros mismos. Es crucial tener fe en el proceso, pero también en algo más trascendental que nos brinda esperanza y fortaleza en los momentos más desafiantes de nuestras vidas".

 

En conclusión, la fe se enfoca en creencias espirituales, la confianza se basa en la experiencia y la evidencia, las expectativas son anticipaciones sobre el futuro, los deseos son anhelos personales y la esperanza es una actitud positiva hacia el futuro.

 

Cada uno de estos conceptos tiene su propio significado y puede influir en nuestras acciones y decisiones en el ámbito educativo.

 

Ligando un poco el tema del ejemplo anterior podríamos preguntar:

 

¿La ciencia, cómo explica o interpreta a la Fe?

 

La ciencia aborda la fe desde una perspectiva diferente, ya que ella “se basa en pruebas concretas derivadas de información y datos recopilados tangibles y verificables y el razonamiento lógico”, mientras que la fe se basa en las creencias y convicciones personales.

 

La ciencia busca explicar fenómenos y comprender el mundo a través de métodos rigurosos y objetivos como la observación, la experimentación y el análisis de datos.

 

Es por ello que, en términos científicos, la fe no encaja como una forma de conocimiento válido, ya que no se apoya en pruebas concretas ni se puede someter a verificación sistemática y tangible.

 

La ciencia requiere de evidencia y de la capacidad de replicar y comprobar resultados.

 

Hasta el día de hoy, no se ha logrado utilizar una tomografía o resonancia magnética para demostrar la espiritualidad o el tamaño de la fe.

 

Es muy importante destacar, puntualizar y ser claros que, la ciencia no pretende negar la existencia de la fe o desacreditar las creencias personales.

 

La ciencia se enfoca en explicar el mundo natural y sus fenómenos, pero respeta la diversidad de opiniones y creencias de las personas. Quien afirme lo contrario va en contra del objetivo de la ciencia y demuestra desconocimiento sobre el concepto y objeto de la fe.

 

Por lo tanto, no hay una enemistad entre la ciencia y la fe, ya que la ciencia se basa en la confianza en lo verificable, no en la fe en lo que se cree.

 

Aplica lo que escribe Mateo 22: 21

 

Jesús les dijo: —Pues denle al cesar lo que es del cesar, y a Dios lo que es de Dios.”

 

En resumen, la ciencia no puede probar o refutar la fe, ya que se basan en enfoques y fundamentos diferentes. Cada persona es libre de tener sus propias creencias y convicciones, y la ciencia no tiene como objetivo cuestionar o invalidar esas creencias personales.

 

Seria idóneo ser empáticos para respetar la forma de pensar y sentir con relación a la fe y la confianza de cada individuo.

 

La fe es una cuestión personal y ésta puede estar influenciada por una variedad de factores, como la educación, la crianza, las experiencias personales y las creencias culturales. La inteligencia, la formación académica y el entrenamiento analítico puede influir en cómo una persona aborda y cuestiona las creencias religiosas, pero no determina necesariamente su nivel de fe.

 

Algunas investigaciones sugieren que las personas que tienen afinidad por la investigación y actividades científica y con supuestos coeficientes intelectuales más altos que el promedio pueden tener más tendencia a cuestionar y analizar las creencias religiosas de manera crítica. Pueden buscar explicaciones basadas en la lógica y la evidencia empírica antes de aceptar o adoptar una fe determinada.

 

Pero es un hecho que, muchas personas intelectualmente dotadas tienen también una fuerte creencia y práctica religiosa. Algunas pueden encontrar en la fe un sentido de propósito, consuelo emocional o estabilidad en su vida, independientemente de su nivel de inteligencia.

 

En ese afán de búsqueda e inquietud, muchos científicos han buscado explicar la fe y los efectos de la misma en el organismo humano. Desde la perspectiva de la Psicología, la fe puede ser vista como una forma de satisfacción emocional y seguridad personal. Puede brindar consuelo, esperanza y sentido de propósito en la vida. Y tiene un impacto positivo en el bienestar psicológico y emocional de las personas.

 

En cuanto a las neurociencias, se ha investigado el impacto de la fe en el cerebro humano. Algunas investigaciones sugieren que la fe puede estar relacionada con áreas del cerebro asociadas con la respuesta emocional, la recompensa y la regulación del estrés. Sin embargo, la comprensión de cómo el cerebro procesa y experimenta la fe aún es un tema de estudio en desarrollo.

 

Algunos estudios han encontrado ciertas correlaciones entre la fe y cambios en el cerebro y en la bioquímica del cuerpo, como cambios en la liberación de hormonas y neurotransmisores, como la oxitocina y la dopamina, involucrados en la regulación del estado de ánimo, el bienestar y la conexión social, lo que puede mejorar la atención, la emoción y la autorregulación.

 

Aquí presento algunos ejemplos de estudios relevantes:

 

1. Newberg, A.B., D'Aquili, E.G., & Rause, V. (2001). Why God won't go away: Brain science and the biology of belief. Este libro explora la relación entre la actividad cerebral y la experiencia religiosa, centrándose en la meditación y la oración.

 

2. Koenig, H.G., McCullough, M.E., & Larson, D.B. (2001). Handbook of religion and health. Este libro revisa numerosos estudios que exploran la relación entre la religión y la salud, incluyendo cambios fisiológicos y bioquímicos asociados con la fe y la espiritualidad.

 

3. Harris, S., Kaplan, J.T., Curiel, A., Bookheimer, S.Y., Iacoboni, M., & Cohen, M.S. (2009). The neural correlates of religious and nonreligious belief. En este estudio, se utilizó la resonancia magnética funcional (fMRI) para investigar las diferencias en la actividad cerebral entre creyentes religiosos y no religiosos.

 

4. Powell, L.H., Shahabi, L., & Thoresen, C.E. (2003). Religion and spirituality: Linkages to physical health. Este artículo revisa la literatura existente sobre la relación entre la religión, la espiritualidad y la salud física, incluyendo cambios en los marcadores bioquímicos relacionados con la fe.

 

 

Estos teólogos y escritores han realizado contribuciones significativas al estudio y la comprensión de la fe desde diferentes perspectivas. Han explorado la relación entre la fe y diferentes aspectos de la vida humana. Cada uno de ellos ha aportado perspectivas valiosas y únicas que enriquecen nuestra comprensión de la fe y nos invitan a reflexionar sobre cómo vivirla en el mundo actual.

 

 

1. Santo Tomás de Aquino

2. Søren Kierkegaard

3. Paul Tillich

4. Karl Barth

5. Friedrich Schleiermacher

6. Rudolf Otto

7. William James

8. Mircea Eliade

9. Paul Ricoeur

10. Carl Gustav Jung

11. Martin Buber

12. Hans Urs von Balthasar

13. Gustavo Gutiérrez

14. John Polkinghorne

15. Alvin Plantinga

16. Richard Swinburne

17. Jurgen Moltmann

18. Dietrich Bonhoeffer

19. Henri de Lubac

20. René Girard

21. Cornel West

22. John Polkinghorne

23. David Bentley Hart

24. Richard Swinburne

25. John Milbank

26. Stanley Hauerwas

27. John Howard Yoder

28. Richard Bauckham

29. John Lennox

30. Stanley J. Grenz

 

El estudio de la fe es extenso y apasionante.

Este es solo el primer episodio, en este proceso de la Gran Comisión.

 

 

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