“Cuando decir ‘Señor’ no basta”
- gabrielwritting
- 22 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Una advertencia incómoda de Jesús
“No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’…”
Jesús no habla a incrédulos, sino a personas religiosas, devotas, convencidas de estar del lado correcto.
No denuncia el ateísmo, sino la fe verbal sin encarnación.
Esta frase sacude una certeza peligrosa: que pronunciar el nombre correcto garantiza una vida correcta.
Decir no es lo mismo que vivir
Jesús contrasta dos verbos:
λέγειν (légein) — decir, confesar, declarar.
ποιεῖν (poieîn) — hacer, practicar, encarnar.
El Reino no se abre por el discurso, sino por la dirección de la vida.
No por lo que se afirma en público, sino por lo que se hace en lo secreto (cf. Mt 6).
La fe que no se convierte en forma de vida, se vuelve ruido religioso.
El Sermón del Monte no es una colección de frases bonitas:
es la constitución del Reino.
Como en el Sinaí, Jesús:
• sube al monte,
• enseña con autoridad,
• redefine la justicia,
• no abroga la Ley: la lleva a su plenitud interior.
Enlace con Romanos 2 — El juicio según la coherencia
Pablo afirma algo sorprendente:
“No son los oidores de la Ley los justos ante Dios, sino los que la practican”
— Romanos 2:13
Aquí Pablo coincide plenamente con Jesús:
La identidad espiritual no se define por pertenencia,
sino por práctica visible.
Romanos 2 denuncia:
la superioridad religiosa,
la confianza en el rótulo (“judío”, “creyente”, “cristiano”),
la incoherencia entre fe proclamada y vida real.
Dios no evalúa credenciales, evalúa frutos.
La fe puesta a prueba
Santiago lo dice sin rodeos:
“Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores”
— Santiago 1:22
Y luego remata:
“La fe, si no tiene obras, está muerta”
Santiago no contradice a Pablo;
corrige una fe mal entendida.
• No obras para ganar el Reino,
• sino obras que revelan que el Reino ya gobierna el corazón.
La fe verdadera siempre deja huella.
Clave del Reino (TCE)
Desde la Teología Cristiana Emergente:
El Reino no se reduce a creer cosas correctas,
sino a vivir bajo un gobierno distinto.
Decir “Señor” sin hacer su voluntad produce:
comunidades con lenguaje piadoso,
pero sin misericordia,
sin justicia,
sin coherencia ética.
El Reino no se anuncia solo con labios, se manifiesta con vidas.

Comentarios